El transporte público: la espina dorsal de la movilidad

La semana pasada conocimos el plan del gobierno para comenzar la desescalada del confinamiento y el estado de alarma provocados por la crisis del coronavirus. Tras casi dos meses de parálisis en la movilidad no esencial, empezamos a atisbar lo que en los medios de comunicación se llama la “nueva normalidad”. 

Durante el último mes, y a raíz de una voluntad férrea de frenar los contagios, hemos estado preocupados por los contactos que tenemos día a día con otras personas. En este contexto, me sorprenden los ataques que el transporte público está recibiendo. Oímos incluso al Gobierno, desafortunadamente, instar a utilizar el coche privado como medio de transporte, como alternativa a un posible contagio en los servicios de transporte público.

transporte publico espina dorsal

Quiero recalcar que es imposible pensar en una movilidad sostenible sin pensar en el cuidado y el desarrollo del transporte público. El transporte público es la espina dorsal de la movilidad, el medio principal que tenemos para movernos de manera limpia en las ciudades. Un medio que no debemos descuidar, ya que haciéndolo, estaríamos descuidando nuestros derechos y el acceso a las oportunidades en nuestras ciudades. Repasemos sus virtudes.

Es eficiente

Ningún otro sistema de transporte urbano es capaz de conseguir el número de viajes diarios que consigue este medio de transporte. Esto, que parece una banalidad, es precisamente lo que marca que sea el tipo de transporte más eficiente.

Pensemos en un atasco de un kilómetro en una autovía de circunvalación de una ciudad grande española, teniendo en cuenta que la vía cuenta con cuatro carriles. Tomamos que de media, el largo de un coche es de cuatro metros, con lo que, en el mejor de los casos, tendremos 250 vehículos por carril, un total de 1000 vehículos en el atasco. Con una ocupación media de 1.25 personas por vehículo, tendríamos 1250 personas desayunando óxidos de nitrógeno en ese atasco.

atasco ciudad

Si quisiéramos mover todas esas personas con autobuses, sin embargo, tenemos que el aforo máximo de un autobús estándar de 12 metros es de 80 personas. Necesitamos entonces solo 16 autobuses para mover esa cantidad de gente, utilizando su capacidad completa. Inmediatamente los cuatro carriles de los que dispone la circunvalación hacen que estos 16 autobuses discurran libremente.

En este momento, al no estar atascados, recuperamos el tiempo que habíamos esperado al autobús, y el posible segundo trayecto que tendremos que hacer para llegar a nuestro destino final. Y todo esto respondiendo whatsapps y compartiendo los últimos memes de ceremonias fúnebres en África.

Sigamos con nuestro ejercicio mental. La nueva normalidad y la distancia social han llegado para quedarse, al menos durante un tiempo, en el cual no debemos entrar demasiado en contacto directo con otras personas para frenar la transmisión del virus. Para ello, apliquemos este escenario a nuestros autobuses y reduzcamos el número de personas dentro de cada autobús un 50%, como estipula el gobierno. Tenemos entonces que utilizar 32 autobuses para llevar a estas personas, lo que no llega tampoco a congestionar la vía. En una situación extrema de atasco con autobuses, esta vía tiene capacidad para llevar a más de 13000 personas. Hagan sus cuentas. Y cuenten con las emisiones.

Es inclusivo

Generalmente en esta plataforma tratamos la sostenibilidad desde el punto de vista medioambiental, pero la realidad es que no podemos entender este término sin pensar en el desarrollo sostenible de las sociedades. El transporte público es el único modo de transporte totalmente inclusivo, empezando por el mero hecho de que es el tipo de transporte más asequible, que no necesita adquirir vehículos propios y que está subvencionado en parte por los impuestos que se aplican a la ciudadanía y a las empresas.

En contraste con la movilidad compartida, la cual defendemos mucho en esta plataforma, siempre desde la posición que creemos que debe ocupar, como complemento del transporte público en las ciudades, los sistemas de transporte público cuentan con adaptaciones para personas con movilidad reducida y personas diversamente hábiles. Cada medio de transporte tiene su audiencia, y creo que es beneficioso que así sea, pero sillas de ruedas y patinetes no parecen conjugar muy bien, y no podemos negarle el derecho a la movilidad a personas que tienen situaciones diversas.

El carácter público de este tipo de transporte evita situaciones de exclusión de distintas zonas de menor poder adquisitivo. Los servicios de movilidad individual, como la movilidad compartida y la movilidad on-demand, se rigen exclusivamente por la ley de la oferta y la demanda, buscando, como es lógico, rentabilizar al máximo sus vehículos, en una industria en la que ya de por sí los márgenes son apretados. Esto provoca que haya zonas que directamente no sean interesantes para los operadores de estos servicios. El transporte público es el transporte de todos y llega también a estas zonas donde viven personas que también tienen derecho a la movilidad.

Es (relativamente) eficaz

La base de diseñar un medio de transporte que sea conveniente para gran cantidad de personas consiste en observar cuáles son los trayectos, o la partes de estos más comunes. Esto quiere decir que, salvo que tengamos suerte, la parada de autobús o de metro no nos va a quedar justamente delante de nuestra casa, pero la tendremos en la esquina o en la calle paralela. De igual manera ocurrirá con el sitio al que queramos ir.

Aún así, la realidad es que en la mayoría de las ciudades de España podemos movernos casi a cualquier punto de la ciudad usando servicios públicos. Invertiremos una mayor cantidad de tiempo a medida que nuestro transporte se aleje del centro de la ciudad, lo cual es un punto a mejorar, pero podremos llegar a nuestro destino.

transporte publico parada

Sabemos perfectamente que la conveniencia es el punto débil del transporte público. No puede ser de otra manera, en todas las situaciones en las que se intenta contentar al mayor número de personas posibles, la solución intermedia a la que se llega implica perder este atributo para aquellos que no tienen la suerte de vivir encima de las paradas del transporte público.

Se abre aquí el debate dual urbanístico por antonomasia: centro y periferia. Normalmente la frecuencia y la capilaridad del transporte público en el centro de las ciudades es tal que los ciudadanos no se mueven diariamente en su coche. Sin embargo, la situación contraria se da en la periferia de las ciudades, en las que la mayoría de los trayectos se realizan en vehículos privados. El desarrollo del transporte público no puede dejar de lado estas zonas de las ciudades si queremos de verdad reducir los niveles de contaminación y habitabilidad en ellas.

Permite un uso inteligente del espacio

Sabemos que el absurdo espacio que ocupa un coche es su punto más débil. Los medios de transporte públicos no solo son eficientes en el uso de combustibles y la emisión de contaminantes, sino que además son eficientes en el uso del espacio, un recurso muy preciado en nuestras ciudades.

Además, el espacio que ahorran nos permite utilizarlo para cualquier otra cosa, desde el desarrollo de zonas verdes que mejoran la calidad de nuestro aire, hasta a la ampliación de comercios que, ocupando espacios liberados por coches, pueden reactivar nuestra economía.

Los retos del transporte público

El transporte público tiene por delante un reto que supondrá inevitablemente un aumento de los costes de operación de este servicio. Empezando por el descenso de su capacidad para respetar el distanciamiento social y siguiendo con todos los costes asociados a las medidas higiénicas y de desinfección diarias, a los que deberán ser sometidos para evitar un rebrote de la pandemia. 

No me parece descabellado un aumento del precio del transporte público durante unos meses hasta que por fin esta nueva normalidad empiece a parecerse más a la antigua. Recobrando preocupaciones de etapas pre-pandemia, esta subida de precios sería tolerable sólo si es acompañada de una apuesta de presupuesto público por los servicios de transporte.

Lo que sí que me parece descabellado es que destruyamos lo que llevamos 100 años construyendo entre todos, ciudades más accesibles, equitativas y que respeten los derechos de todos sus ciudadanos. Y espero que poco a poco consigamos que sean más limpias.

Imagen por defecto
Carlos Pagola
Ingeniero Industrial de formación, apasionado de la innovación, la movilidad y las empresas de reciente creación.
Deja un comentario

¿Te interesa la movilidad sostenible?

¡Suscríbete a nuestra Newsletter!