¿Qué es la Economía Circular?

Ahora se escucha mucho hablar de reciclar, de reducir emisiones, del cambio climático, del fin del mundo, del apocalipsis. Se habla de Greta Thunberg y de Greenpeace. Y también de Bolsonaro, de Trump y de tantos negacionistas de este problema. Bueno, ahora en realidad no, ahora se habla del coronavirus, de estar en casa y de resistir, y eso es lo importante.

Cuando todo pase, cuando todos volvamos a las calles, el problema resurgirá, y se volverá a hablar del CO2, del efecto invernadero, de la tala de bosques y de la agricultura invasiva. Pero, si os dijera que la solución al problema existe, que tan solo supone un cambio del concepto actual, sencillo y viable, ¿no sería magnífico llevarlo a cabo? Y si además os dijera que sería posible llevarlo a cabo con los niveles de consumo actuales, ¿no sería aún mejor?

El modelo económico actual es conocido como Economía Lineal, en el cual se obtiene la materia prima y recursos naturales, se procesa, se vende, se usa y finalmente se desecha. Y yo me pregunto, ¿de verdad se tiene que desechar? ¿No es reutilizable? ¿No se puede obtener nada de provecho? de esta reflexión aparece lo que se conoce como Economía Circular, una solución a este problema del cambio climático (y a otros muchos). Es cierto que por su filosofía, sí supondría una reducción en los niveles de consumo, pero no por ello, sería inviable con las tendencias actuales.

economia circular vs economia lineal

Pero vayamos paso a paso y conozcamos primero aquello de lo que estamos hablando.

Definición de la Economía Circular

¿Una mera imitación de la naturaleza?

La Economía Circular es una estrategia en las cadenas productivas y económicas que persigue reducir al mínimo posible la entrada de materias vírgenes y que persigue maximizar la reutilización de bienes, productos y materias. El objetivo final no es que no se extraigan recursos naturales, sino que este proceso de extracción se adecue al ritmo productivo que tiene nuestro planeta. Dicho de otra forma, que si lo que queremos es obtener troncos para producir folios, que el ritmo al que se reforestan los arboles marque el ritmo de producción de folios a partir de esta materia virgen.

Y entonces, uno se preguntará, ¿esto quiere decir que no podemos usar más folios hasta que los árboles crezcan? Pues no, porque la idea, tras la definición o el concepto de la Economía Circular es que los folios que ya andan en circulación se reutilicen, procesen y adecuen a la creación de nuevos folios, pero a partir de materia ya presente. En resumen, consumir, pero sin extraer de la naturaleza por encima de las posibilidades de regeneración.

Parece hasta lógico, ¿verdad?

¿Y cómo surge esta idea? Pues de la observación de la naturaleza, de los ecosistemas, de la vida misma. Pensad en un bosque, donde no hay humanos; solo animales, arbustos, rocas, árboles, un río y quizás un lago. Ahí, en medio de un bosque, un animal nace, se alimenta del bosque, extrae de él todos los recursos que precisa, y al final, cuando muere, lo devuelve al medio para dar lugar a nueva vida. Realmente, nunca ha extraído materia nueva, simplemente ha reutilizado materia ya presente. Así la rueda sigue girando, el bosque vive y todos los seres allí presentes conviven. El objetivo no es que tengamos menos cosas, sino que se extraigan menos recursos para generar nuevos productos, extendiendo su vida útil. Vaya, parece que no hemos inventado nada nuevo.

Este modelo económico nace por primera vez en torno a 1980, aunque es en nuestros días cuando está obteniendo importancia, poco a poco, con medidas muy incipientes, pero calando en nuestras vidas. Y uno de los culpables de esta aparición es en cierta media la Fundación Ellen MacArthur. Es esta fundación quien más ha aportado y avanzado en los últimos años, ofreciendo entre otras muchas cosas el siguiente cuadro ilustrativo del concepto.

Precioso pero, ¿esto no es reciclar?

Ahora claro, uno podría decir “¿Pero esto no es lo mismo que reciclar? ¿No es eso de las 3 R (reducir, reciclar, reutilizar)?”. Pues en parte sí, pero no. Las 3Rs, reducir, reutilizar y reciclar, están presentes dentro del concepto de Economía Circular, pero este va mucho más allá. Este modelo económico se inicia mucho antes, en el proceso productivo y de fabricación, en la etapa de conceptualización de un producto, cuando aún ni se ha extraído la materia prima ni se ha empezado a fabricar nada.

Esta etapa, de una importancia enorme, debe concebir y contemplar todo la vida útil de un producto para que el concepto de Economía Circular sea aplicable, pues el objetivo es maximizar y extender la vida de un producto, reduciendo su impacto y asegurando su reincorporación al medio. ¿Y cómo se consigue esto, que la vida del producto se optimice a un valor superlativo? Pues mediante distintos objetivos y etapas.

principios economía circular

El primero de ellos sería que el producto, para el objetivo que se ha diseñado, se emplee lo máximo posible, ofreciendo las prestaciones para las que ha sido diseñado y aumentando su vida útil. Este hecho va en confrontación directa con el concepto de Obsolescencia Programada, pues se pretende justo lo contrario, extender al máximo su operatividad.

Para ello entra el valor un concepto que bien conocen nuestros abuelos y abuelas, pero que nosotros hemos perdido: reparar las cosas. La Economía Circular no pretende que tengamos productos que no funcionen de acuerdo a lo que han sido diseñados, pues las cosas se rompen con el uso y es normal. Lo que persigue es que cuando esto suceda, existan componentes, especialistas, expertos, que permitan reparar estos productos para seguir utilizándolos, de la misma forma que el primer día en que lo sacamos de su envoltorio. ¿Realmente esto no es posible? ¿No crearía esto empleo, con personas especializadas en la reparación? Pues parece ser que sí, que podría generar riqueza. Pero claro, uno puede llegar a decir que no es lo mismo algo nuevo que algo reparado. Vale, cambiemos esta tendencia cultural.

que es economia circular wikipedia para niños

Bueno, pero también podrían decir que hombre, el hardware de las cosas se puede llegar a reparar, ¿pero el software? Cierto. ¿Pero y si en esa etapa inicial, de conceptualización valoramos esta posibilidad? Si los objetos y productos se diseñan para ser actualizados y adecuados a la evolución del tiempo, ¿no podríamos alargar la vida su vida útil? Quizás sí.

Pero claro, es cierto que llegará un momento en que ni reparándolo, ni actualizándolo, dicho producto cumpla con el objetivo para el que fue creado y diseñado. Asumámoslo, las cosas evolucionan y cambian muy rápido. Ante esta situación, la Economía Circular plantea dos soluciones:

1. Una primera que persigue que este producto, este objeto, se utilice para otro fin
para el que fue diseñado. En otras palabras, la reutilización del producto.

2. Una segunda que persigue que parte de sus componentes se empleen en la reparación y actualización de otros objetos y bienes. Esto dependerá de las características de cada artículo, de las necesidades de la sociedad y del estado en que se encuentra nuestro producto. Y también, de esa primera etapa de conceptualización, pues vamos más allá de nuestro propio producto, sino ampliando horizontes y pensamiento a otros productos y servicios que satisfacer.

Debemos pensar en que sí, nuestro objetivo primordial es que cumplan con los objetivos de diseño, pero ¿y si le damos una vuelta de tuerca y lo diseñamos para que pueda funcionar para otras cosas? ¿O si lo hacemos desmontable, modular, para que algunos de sus componentes se puedan reutilizar? Seguiríamos sin añadir materia prima al proceso. Se seguirían utilizando los mismos recursos naturales que existían al principio, y en cierto modo, seguiríamos extendiendo su vida útil.

Y, vaya por dónde, esto también necesitaría de personas, empresas y centros especializados. ¿No significa eso también empleo?

Luego, entonces sí, llegaríamos a una fase donde los componentes restantes, aquellos cuya vida no se puede extender más dentro del círculo, deben ser desechados. Pero también aquí, la Economía Circular se ve enfocada en la naturaleza, en aquel bosque del que hablábamos antes. Estos componentes, estos restos de aquel producto, podrían ser utilizados bien para la generación de energía o bien para ser reciclados y convertirse en nueva materia prima para la fabricación de otros productos. Pero también aquí es importante esa primera fase de conceptualización.

Actualmente, alguien te puede decir que eso es lo bueno que tienen los plásticos, que si se desechan en los lugares oportunos, se pueden reciclar y dar lugar a nuevos plásticos. Pero lamentablemente, en la actualidad, el mejor de los plásticos existentes tan solo se puede reciclar en un valor del 30% (no soy un experto, pero es un valor bastante cercano a la realidad). Sin embargo, si en esa primera fase de diseño y creación del producto sobre el papel consideramos el hecho de que al final debe ser reciclado, se podría diseñar para maximizar su reciclaje y su utilización como materia prima.

Esto supondría la creación de máquinas y personas especializadas para este fin y a su vez facilitaría el proceso, pues a partir de la especialización aseguraríamos no extraer más materia prima. Vaya, vaya, ¿alguien ha dicho empleo?

Y obviamente, como todo en la vida, se llegaría a una etapa en la que el producto ya no da más de sí. Y entonces sí es necesario desecharlo. O desde el enfoque de la Economía Circular, reincorporarlo. O en una palabra, regeneración. Hacer que este producto no sea nocivo para el medio, que mediante los procesos y tratamientos adecuados se pueda dejar a merced de la naturaleza, para que lo degrade y lo reincorpore a la vida, como cuando aquel pequeño animalito del bosque alimento a las plantas, que luego dieron frutos y alimentaron a su prole.

Tomar un momento, un instante, en aquella fase de conceptualización para que este producto, o lo que quede ahora de él, se pueda degradar de forma pacífica y sin dañar al medio ambiente. Obvio que hay productos que necesitan pretratamientos y filtros para no dañar al medio. Pero esto es realmente posible, siendo conscientes de esta necesidad y trabajando en la fase inicial del producto para que así sea. Y una vez, listo, dejarlo libre (o en centros controlados) para que se degrade en el medio y vuelva a formar parte de la naturaleza.

Porque, al final, ¿todo lo que usamos no es en sí un recurso natural, transformado, procesado, manufacturado, pero en su esencia, un recurso natural, que de una forma se podrá degradar y reincorporar al ciclo de la vida?

Así se cerraría el círculo, la vida de un producto, para hacerlo totalmente circular. Obviamente, todo lo expuesto es un breve resumen, el aperitivo, de un concepto y una idea mucho más
amplia. La Economía Circular también promueve el uso de energías renovables frente al consumo de recursos fósiles, pues al final, el objetivo sigue siendo reducir la extracción de recursos naturales, y los primeros frente a los segundos no suponen esta extracción. También propone lo que llaman modelos de negocios, entre los que cobra importancia la movilidad compartida, pero esto es algo que dejaremos para próximos artículos.

Ejemplos de Economía Circular

Y qué bonito queda así, hablar de un concepto que cambiaría radicalmente nuestro patrones de consumo y sociales. Muy bonito, pero no me he enterado de nada. Pues perfecto, imaginemos que es nuestro cumpleaños. Todo nervios, risas, comida, bebida, familiares y amigos y un paquetito envuelto, en lo alto de la mesa. Vaya, vaya, ¿a quién le han regalado un móvil nuevo? Eso sí, un móvil diseñado bajo el concepto de la Economía Circular. Por imaginar que no sea.

Cogemos el paquete, lo abrimos, lo activamos y empecemos a activar mil apps, a añadir a nuestros amigos y amigas, familiares y conocidos. Hacemos mil fotos, y cientos de selfies. Buscamos restaurantes, nos perdemos con el GPS, damos likes, y un día va y se nos cae. En fin, lo típico. Y va y se rompe la pantalla y nos sale comprarnos uno nuevo. Pero para, espera, recuerda que es un móvil “económico-circular”. Existen en el mercado formas de cambiarle la pantalla, de manera económica y viable tecnológicamente. Pues nada, lo hacemos y móvil como nuevo.

Y pasan los años, y seguimos con nuestro maravilloso móvil. Pero es verdad que ya no va igual, que va más lento, que ya es una pesadilla conectarse a internet. Pues ya es hora, móvil nuevo. ¡Para, para! Era “económico-circular”. Voy, me actualizan el software y oye, que va perfecto,
como nuevo.

Y así, pasan los años, reparándolo, actualizándolo. Pero, ya sí, llega un día en que, como es normal, no funciona igual. Bueno, digámoslo claro, no funciona para la idea que fue diseñado. El internet va lento, no se abren las apps igual, las fotos ya no tienen la calidad óptima del momento. Y ya sí que sí, no hay componentes que añadirles y actualizarlo, ni software, ni hardware. Pero sin embargo, a mi hermana pequeña le vendría genial para que papa y mama la recojan cuando salga de fiesta. O a la oficina de mama, que necesita de un móvil al que llamar los clientes. O para el abuelo, que no tiene como comunicarse con nosotros. Pues oye, resulta que sigue siendo útil, aunque para otras funcionalidades.

Pero bueno, sí, ya lo estamos alargando mucho. Llega un día en el que ya, ni para eso sirve. Pero por fortuna, el móvil era “económico-circular” y resulta que se puede desmontar fácilmente. Y además, resulta que su fabricante original me devuelve parte del dinero que costó si se lo devuelvo. ¿Y porque hace esto? Pues porque la pantalla se puede reutilizar para modelos nuevos. Y los microchips que tiene, y la batería, y los enchufes, y esto, y aquello.

Vaya, qué cantidad de cosas útiles tenia. Pero, ¿y aquello que no? Pues bueno, ya lo tienen ellos, y como lo hacen en masa, pueden coger lo que no es reutilizable, tratarlo, procesarlo, reciclar aquello que lo permita, y lo que no, verterlo al medio. Y todo sin ser nocivo, pues ha sido tratado y procesado para ello. ¡No veas lo que da de sí un móvil “económico-circular”! Ojalá existieran.

La Economía Circular, como concepto, como idea, propone un modelo nuevo de consumo y producción que reduciría nuestro impacto en la tierra y que es aplicable a nuestros estilos de vida actuales con beneficios demostrados.

Es cierto que supone cambios a niveles de empresa, de gobierno, de empleos, de individuos, pero son cambios pequeños que pueden solucionar grandes problemas. Poco a poco, los gobiernos, los países, las empresas, irán acogiéndose más y más a esta idea.

Aquí os dejamos el aperitivo, el postre es cosa vuestra.

Imagen por defecto
Carlos Rivero
Ingeniero industrial, scout y amante de la naturaleza. Defensor de las energías renovables y el desarrollo sostenible.

Un comentario

  1. José María Compagni
    José María Compagni

    Excelente artículo, enhorabuena. Hace falta mucha pedagogía sobre este tema.

    También sería interesante conocer experiencias de éxito que sirvan de referencia a otros sectores.

    El postre es nuestro, pero antes están los dos platos principales!

Deja un comentario

¿Te interesa la movilidad sostenible?

¡Suscríbete a nuestra Newsletter!